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ENtrevista a juan Ángel laguna


Juan Ángel Laguna

Hoy contamos con la presencia del ingeniero químico Juan Ángel Laguna Edroso, editor y escritor de terror, ciencia ficción y fantasía. Confieso que tengo un poco de miedo, no estoy muy acostumbrada a lidiar con escritores de terror, así que no sé si voy a terminar espantada, aunque tampoco estoy muy segura si no será él quien al final termine asustado.

Nacido en Zaragoza, Juan Ángel Laguna Edroso es autor de «La sombra sobre Binara» (Gorgona Pulp Ediciones, 2017), «El club de los gatos de medianoche» (Tusitala Ediciones, 2016), «Los perros del aire» (Gorgona Pulp Ediciones, 2015), «Pesadillas de un niño que no duerme» (23 Escalones, 2012), «Adraga» (Grupo Ajec, 2011), «Lección de miedo» (Online Studio Productions, 2011), «La casa de las sombras» (DH Ediciones, 2010) y «Cain encadenado» (Editorial Premura, 2000), así como el librojuego «La maldición de los comensales» (Gorgona Pulp Ediciones, 2016) y en versión bilingüe francoespañola «El niño que bailaba bajo la luna» (Nuevos Soportes Gráficos, 2005) con ilustraciones de Jean Gilbert Capietto. También es responsable de la versión en castellano de «Cazador de striges» (23 Escalones, 2011).

En el año 2009 fundó la editorial Saco de Huesos, dedicada al género de terror y fosco de producción nacional y por donde se ha publicado relatos de más de 150 escritores. También trabaja como profesor de idioma español en Francia (donde reside desde hace años), mientras encuentra tiempo para adentrarse en su alter ego “Patapalo” y dirigir la web OcioZero.com. Solo si le sobra algún minuto, rara vez, se atreve a retar a sus enemigos a un duelo mortal de esgrima.


Y también… ¿¡Inventor!?

―¿Es cierto que cuando fuiste estudiante universitario inventaste el libro de plástico?

Es cierto, sí. Fue uno de estos momentos mágicos, donde un sueño se hace realidad. Hacía unos años había leído un artículo de Arturo Pérez Reverte sobre lo que se estropean las ediciones de baja calidad a causa de la propia acidez del papel y me planteé una pregunta bastante evidente: ¿por qué no utilizar un material tan resistente que no sabemos ni que hacer con él, como el plástico, en vez de papel para hacer los libros? Así evitamos talar árboles y tenemos todas esas toneladas de plástico bien guardadas como un producto útil, los libros, en vez de mezcladas con otra basura en vertederos o flotando en forma de bolsas rotas.

Cuando abordé la asignatura de Proyectos en la carrera, presenté la idea al profesor y le encantó, y junto a mis compañeros y un editor local trabajamos hasta conseguir hacerla palpable, literalmente. De paso salió un libro impermeable.


¿Si la patente la tuviera una petrolera, estaríamos leyendo el Principito y otros títulos en libros así?

Ah, el quid de la cuestión. Y aquí es donde la realidad me dio una patada y preferí volverme al mundo de los sueños. Como me dijo un importante editor francés (porque la patente nos la llevamos de paseo por muchos sitios), ¿por qué le iba a interesar a él hacer libros más costosos que, además, el cliente no volvería a comprar porque no se rompen?

La lógica del mercado se impone y tener libros de texto que se puedan limpiar, que contaminen menos y que resuelvan qué demonios hacer con el plástico que tiramos no es un argumento que pueda competir con el margen de beneficios y las cuotas de mercado. La única solución era presentarlo como un producto de semilujo, en particular a gente con conciencia ecológica, pero parece que no cuajó tampoco y yo, personalmente, dejé la ingeniería para centrarme en la cultura y el ocio.


Juan Ángel, ¿Cómo nace y qué es el género fosco?

De rebote, podríamos decir. Allá por el 2005 nos juntábamos por la difunta web OcioJoven un buen puñado de escritores con talento y ganas de probar cosas nuevas. Un día nos liamos la manta a la cabeza y lanzamos “El desván de los cuervos solitarios”, que tenía que ser una obra de terror y acabó siendo una muestra de relatos relacionados con el terror (era su único punto común) pero con enfoques sumamente dispares.

Entonces fue cuando Miguel Puente Molins bautizó al monstruo como género fosco, que vendría a ser el terror y sus aledaños, desde fantasías infantiles siniestras a lo Tim Burton a ciencia ficción angustiosa, como Aliens, o aproximaciones humorísticas.

Supongo que es algo propio de una generación que ha recibido estímulos muy distintos y en formatos muy distintos dentro de lo que llamamos la cultura popular.



En el 2014 recibiste el premio Domingo Santos por el relato La oscura majestad de la dama Cuervo, pero ¿Cuál de todos tus cuentos publicados en diferentes antologías y revistas es el que más te gusta?

Esto es como si me preguntaras cuál de mis hijos me gusta más, salvo porque los relatos no tienen sentimientos XD. Le tengo mucho cariño a “El niño que bailaba bajo la luna”, porque fue el pistoletazo de salida para muchas cosas y porque lo escribí con las tripas, pero desde un punto de vista frío, sé que no es el mejor. Tiene el encanto, no obstante, de que lo escribí antes de ser consciente de las mañas del escritor, cuando las cosas salían sin pensarlas demasiado, sin más perspectiva que plasmar lo que sentía. Y refleja todavía bastante bien mi imaginario, así que me voy a quedar con él.



―¿Qué ha cambiado en tu forma de escribir o concebir las historias desde tu primera novela Cain encadenado (2000) hasta Adraga (2011)?


Muchísimas cosas, aunque Cain encadenado y Adraga son primas hermanas: ambas son fantasía bastante clásica con un enfoque muy personal, las dos las escribí de tirón, sin planificación más allá de una serie de escenas que quería contar y que conseguí encadenar con mayor o menor acierto. Son novelas inconscientes, todavía no sabía dónde me metía al ponerme a escribir. Y en ambos casos me sumí por completo en ellas: no tenía otros proyectos en mente, estaba absorbido por los escenarios y los personajes.






Sin embargo, con Adraga ya tenía mucha más cultura y técnica (aunque se publicó mucho después de que la terminara). Las referencias, el modo de introducirlas en la historia, la organización de los eventos, el desarrollo de los personajes... Hay un mundo entre ambas. Cain encadenado es un derroche de sangre y lágrimas, muy ingenua en muchos sentidos; Adraga es más solemne, seguramente demasiado en la prosa, pero tiene también un sustrato mucho más rico y aborda cuestiones morales profundas, incluso de fe, aunque pasen desapercibidas. No obstante, si lo comparamos con lo que escribo ahora para Megazoria, por mantenernos en el género fantástico, se ve el parentesco, pero también la diferencia de edad, por decirlo de alguna forma. Me tranquiliza ver, en cualquier caso, que hay una evolución.


―Por lo visto no te bastaba solo con escribir, ¿por qué embarcarte en una aventura tan arriesgada como la creación de una editorial?


No fue algo premeditado; fueron los hados, que me la tienen jurada con estas cosas. Cuando hicimos El desván de los cuervos solitarios, me lo pasé muy bien con las labores de edición. Luego, con lo del libro de plástico, seguí ahondando en el tema. Y en aquellos tiempos el fandom pendía de un hilo, en cuanto a editores, y por el contrario había un buen grupo de escritores en ebullición. Lanzar Calabazas en el trastero era casi un deber moral XDD

El caso es que funcionó bien y nos animamos a montar la editorial para publicar más cosas de esas a las que veíamos valor. Y creo que fue un acierto: dimos voz a autores que han demostrado a estas alturas de sobra su valía. Era una buena idea cubrir ese hueco que había, sobre todo en lo que a terror se refiere, no porque nosotros en sí les hayamos dado una gran oportunidad, sino porque a veces sirven unas palabras de aliento, un gesto, para darles energía para continuar.

―Este año se cumple una década de existencia de la revista Calabazas en el Trastero, ganadora del Premio Ignotus 2010 y 2012 a la mejor revista y logrando perdurar incluso más que algunos de sus “deudores”. ¿Cómo una modesta editorial de base, de trinchera, ha podido sostener la constancia de una revista durante estos diez años?

Gracias a una ausencia total de sentido práctico. Y, supongo, unas buenas dosis de cabezonería (motivo por el cual, cabe imaginar, otro editor maño, Fermín Moreno, junto a su mujer Blanca Libia Herrera Chaves, siguen al pie del cañón con la revista Sable).

Me gustaría enumerar grandes virtudes de gestión, pero sería faltar a la verdad. Calabazas en el Trastero se ha mantenido porque somos tozudos y porque no ha faltado gente dispuesta a soportar la carga cuando han venido mal dadas. Hay un nutrido grupo de colaboradores que se han mantenido en el anonimato pero que han mantenido la nave a flote y con buen rumbo. Y también están los propios autores y lectores. Cuando te encuentras con unas palabras de ánimo, te dan ganas de seguir manteniendo este improbable superviviente.


―Hablando de proyectos que duran y no duran ¿Cuéntanos tu experiencia como presidente de la extinta Asociación Española de Autores de Narrativa de Terror (NOCTE)?

Haría falta un libro de memorias para esto, más que una entrevista, pero se podría resumir en que fue una experiencia muy intensa y muy enriquecedora a nivel personal: conocí a personas formidables esos años. El pero, claro, lo que llevó a que echáramos el cierre, es que el trabajo de fondo es abrumador.

Tienes que estar disponible, motivando a las tropas, intentando que cuajen proyectos, y al final, el escritor lo que quiere es escribir, y publicar, y organizar saraos y antologías y premios no es propiamente lo que se supone que hacen los escritores. Así que perdimos poco a poco el empuje y yo andaba muy desbordado con todo: me iba quedando solo en la editorial, los niños (tengo cinco) cada vez requerían más atención, la web, eventuales trabajos en el mundo real, mi propia faceta de escritor, vivir en Francia... Al final uno no sabe cómo se mete en estos berenjenales ni cómo salir de ellos.

Ismael Martínez Biurrun dijo una vez que una asociación de escritores es un oxímoron.

Es muy posible que tuviera razón, pero, como suele pasar con estas cosas raras, también nos lo pasamos muy bien mientras duró.


¿Qué futuro le depara a la ciencia ficción española, a la fantasía, al terror y al propio género fosco?

No tengo ni la menor idea. Por decir algo, yo creo que la cosa va tendiendo a la fusión, de géneros, de formatos, de modos de transmisión... Lo de defender subgéneros y cosas como las novelas creo que responde a nuestra naturaleza romántica impenitente.


―¿Patapalo: capitán pirata de la goleta OcioZero o corsario?

Pirata, por supuesto, de la Hermandad de la Costa. Eso de pedir documentos a nadie para saquear navíos no va con nosotros. No hay que buscar las bendiciones de nadie para lanzarse con los proyectos y la ley de a bordo nos ha de empujar a compartir penurias y botines a partes más o menos iguales.


―Como escritor, ¿en qué proyecto estás trabajando?

Siempre trabajo en paralelo en varias cosas, pero hay tres proyectos que me tienen más absorbido que los demás: una novela de Megazoria, de espada y brujería, una serie de relatos sobre Espejo Victoriano, mi universo de terror decimonónico, y una novela humorística de Brutal Ball: deporte medieval fantástico para hacer un poco de reflexión social.


―¿Y como editor?

También trabajo con muchas cosas en paralelo XDD Estoy sobre todo con las reediciones de Calabazas en el Trastero, que es el décimo aniversario, y este trimestre deberían salir varias novelas y antologías dentro de la colección Medianoche, de terror, y alguna cosa en la de fantasía, Gorgoneion. De momento, estoy más intentando volver a tener los pies bien apoyados en el suelo más que buscando nuevas aventuras.










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