• marimén_te doy mi palabra

ENTREVISTA a marta Sanz


Fotografía by Alberto Carrasco


Marta Sanz (Madrid, 1967) es doctora en Filología. Ha publicado novelas, cuentos, ensayos y poemas. Entre las primeras vale la pena mencionar: El frío, Lenguas muertas, Los mejores tiempos (Premio Ojo Crítico de RNE en 2001), Susana y los viejos (finalista del premio Nadal 2006), La lección de anatomía, la trilogía del detective Arturo Zarco -Black, black, black, Un buen detective no se casa jamás y pequeñas mujeres rojas, aparecida en 2020- , Daniela Astor y la caja negra ( novela galardonada con los premios Tigre Juan, Cálamo-Otra mirada y Estado Crítico), Amor fou, Farándula (premio Herralde, 2016) y Clavícula. Ha participado con relatos en volúmenes colectivos y obtenido el premio Vargas Llosa-NH en su XI edición; Retablo son dos relatos ilustrados por Fernando Vicente. Su trabajo en poesía está representado por Perra mentirosa, Hardcore, Vintage (Premio de la Crítica de Madrid), Cíngulo y estrella y La vida secreta de los gatos, con ilustraciones de Ana Juan. Destacan sus ensayos No tan incendiario, Éramos mujeres jóvenes y Monstruas y centauras, que recibe el premio CEGAL 2018 al mejor libro de no ficción. Es editora del Libro de la mujer fatal y Tsunami, volumen colectivo de textos feministas. Colabora con El país, la cadena SER y es docente en la Escuela de escritores de Madrid. Su última obra publicada es Parte de mí (Anagrama, 2021).




Marta, tu novela pequeñas mujeres rojas (Anagrama, 2020) es un torrente verbal que impresiona desde la primera frase. Con ella cierras la trilogía del detective Arturo Zarco. Pero quede avisado el lector: no es un género negro al uso sino una invitación para reflexionar sobre la memoria histórica y la violencia contra las mujeres. ¿Ese era tu objetivo?


No sé si cuando hablamos de literatura, podemos usar la palabra “objetivo”: yo quería indagar sobre un malestar, una incertidumbre íntima, que me parece que conecta con ciertas preguntas que nos hacemos como comunidad. Yo, para escribir, miro alrededor y busco la zona de conflicto entre mi intimidad y lo público: de ahí nació esta novela, del estupor ante el renacimiento de modos de pensar y de vivir rancios y autoritarios, que chocan con mi concepción de la vida y la felicidad.



¿Existe alguna sociedad perfecta en la que la memoria histórica no necesite ser reparada?


Bueno, hay países con historias menos traumáticas que la nuestra. No todos los países han vivido guerras civiles en el pasado siglo que hayan dejando un número enorme de desaparecidos y desaparecidas en barrancos, cunetas, tapias de cementerio. Familias desoladas que vivieron después cuarenta años de represión y que, en muchos casos, fueron económicamente esquilmadas. Vivir esa experiencia colectiva desde la equidistancia, el blanqueamiento del horror, el eufemismo o la desmemoria genera sociedades amnésicas habitadas por individuos amnésicos y vulnerables.



La cojera de la protagonista, Paula Quiñones, ¿puede entenderse como una metáfora de nuestra sociedad actual?


Yo creo que es más bien la metáfora de la contractura constante en la que vivimos las mujeres que hemos sido educadas con referentes culturales masculinos que se construyen nuestro deseo, nuestra visión de la realidad y de nosotras mismas. Más tarde, ese deseo que creemos tan personal y tan nuestro se vuelve contra nosotras para dañarnos. Vivimos sobre ese filo: no podemos renunciar a un lenguaje que nos hace daño y usamos la voz de las angelitas caídas. Indagamos desde la desventaja y el vaivén, desde el destino de haber sido reducidas a cuerpo en las representaciones culturales que, después, metabolizamos y convertimos en la normalidad de nuestras vidas. Paula con su anatomía expresa todas estas cosas y desdice el deber ser una belleza femenina canónica, simétrica, armónica.



¿Es cierto que en tu novela también homenajeas a Dashiell Hammett, Peter Pan, Alicia en el país de las maravillas y a Juan Rulfo?


Claro, rindo homenaje a esas lecturas que forman parte de mí y de mi manera de entender la realidad para bien o para mal. Rulfo era imprescindible porque sus psicofonías y sus fantasmas son la expresión de esa memoria traumática que se filtra en una realidad presente, conformada por capas que, en pequeñas mujeres rojas, van desde la profundidad de la fosa y la raíz de la amapola hasta la vista cenital de los pájaros del cielo: nuestro presente está habitado por nuestro pasado y esa conciencia abre la puerta a la posibilidad de un futuro, al menos, no distópico. Hammett es el testimonio crítico, político, de una novela negra que no renuncia a denunciar la corrupción y la pudrición de las vidas cotidianas en el marco de la acumulación capitalista que confunde la libertad con el librecambio y marca como proyecto de vida deseable tener mucho dinero antes de lo treinta. Más allá de cualquier otro valor o consideración. Barrie y Lewis Carroll son escritores que hablan del cuerpo, del crecimiento, de la sexualidad como aproximación a la muerte, de lo erótico y de lo tanático, de las crisálidas y el dolor de los cambios, de la identidad y del quién eres tú de la oruga fumadora, de la violencia y las rosas blancas que se tiñen de rojo por efecto de la salpicadura de sangre… Un imaginario tan poderoso que se ha quedado por siempre en nuestra retina.



¿Eres determinante a no ceder a una escritura comercial?


Para mí, la escritura literaria es un modo de resistencia frente a la apisonadora del mercado que también afecta a los modos de decir, a la retórica, de la cultura. El relieve connotativo de la escritura literaria, una dimensión poética del lenguaje que excede esa necesidad de leer solo concentrándonos en las tramas y en cómo acabará una historia, propone un pacto de lectura distinto con el espacio de recepción: “Lea despacio” propone el risueño coro de niños perdidos y mujeres muertas…


Creo que ese es el verdadero efecto político de esta novela: la proposición de lentitud en un mundo donde la velocidad y la novedad comercial, la urgencia por pasar rápidamente de una cosa a otra, nos transforma en sujetos que consumen y patinan sobre la realidad como superficie deslizante sin mirar, sin fijarse, sin entender, sustituyendo las argumentaciones razonadas y la conversación por el discurso del odio y el ingenio violento de las redes.

Creo que ese modo de consumir información, ese vértigo y esa multitarea, esa comercialidad, esa homogeneización/gentrificación de los estilos están absolutamente condicionadas por la exigencia de que las tuercas giren sin parar en los engranajes. Por el negocio que conforma las metáforas del ocio y del conocimiento.




Parte de mí es tu diario durante el primer año de pandemia publicado en Instagram que luego se recoge en este libro. Primero vemos unas fotografías acompañadas de unas pocas frases que a paso de la pandemia se convierten en textos reflexivos. Es un testimonio de lo diario, del momento en el que el lector se puede ver reflejado cuando muestras unas piernas buscando el sol en un balcón o nos enseñas la captura de imagen de las videoconferencias que se pusieron de moda. ¿Las redes sociales han cambiado el concepto del espacio y del tiempo? ¿Nos facilitan la vida o nos tiranizan?


Las redes sociales, como muchas otras cosas en esta vida, tienen un rostro amabilísimo y otro destructor: durante la pandemia fueron imprescindibles para ayudarnos a mantener los vínculos, la comunicación y tender hilos hacia los demás. De hecho, Parte de mí es un libro que desde el costurero de mi abuela Juanita tiene un hilo que muchos lectores y lectoras han recogido. Es un libro sobre la cordialidad en una época de aislamiento en la que, desde el nido, teníamos que paliar nuestra soledad y darnos cuenta de que la empatía es fundamental en los momentos de miedo y de dolor. Sin embargo, las redes también fomentan formas de terrible soledad y aislamiento en la época de la comunicación continua. Hay un anuncio que me aterroriza: cada uno de los miembros de una familia hace cosas con internet desde sus cuartos cerrados, no se interrelacionan entre ellos y la madre sube a la azotea a mantener una conversación con su padre muerto. Para mí, esa es una imagen de lo siniestro.


Por otro lado, la pandemia nos llevó a perder reparos frente a las grabaciones y las intromisiones en nuestra intimidad: hay que recuperar la prevención para que la supuesta libertad de usar las redes no se transforme en un mecanismo de vigilancia y control que ya no sentimos como tales porque los hemos incorporado al espacio de nuestra normalidad.



Tu libro no habla de nostalgia, si no de la necesidad de recuperar el tiempo. ¿A qué público va dirigido?


Mi libro habla de una alegría y de una memoria que no son ñoñas y resultan imprescindibles para sobrevivir a los malos tiempos. En este sentido, hay un tono paródico respecto a las felicidades impostadas de Instagram y la creación de mundo perfecto que es mera mampostería y motivo de frustración. En realidad, Parte de mí es la crisálida protectora de pequeñas mujeres rojas, un texto confinado, que hubiese muerto si Parte de mí no hubiese funcionado como invernadero; en ese sentido, la memoria y el relato de la memoria activo en el presente, que caracteriza la novela, también forma parte de un diario donde se subraya la relación entre lo vivo y lo pintado, lo íntimo y lo público, la cultura y la realidad… Al final, Parte de mí es la cristalización analógica del un tiempo de pantallas líquidas y de vínculos débiles obligatorios que espero que no vuelva nunca más.



¿Nos ha cambiado la pandemia?


Mucho. Y puede que a cada persona de un modo diferente. A mí me ha hecho valorar mi casa y poner en tela de juicio esa pulsión de movimiento constante de una autónoma enloquecida que, en su proceso de realización artística, lo que hace es autodestruirse, dejarse la piel, estar expuesta permanentemente, no parar, no saber decir que no y engañarse a sí misma pensando que eso es lo que realmente quiere hacer… La pandemia ha rebajado mis dotes socializadoras y eso, en mi caso, está bien porque delata mis alienaciones laborales. Para otras personas, al contrario, la pandemia ha sido el catalizador de su urgencia por recuperar el sentido del tacto y el abrazo. Sin embargo, desde un punto de vista político me parece que hemos perdido la oportunidad de colocar los cuidados en primer plano: la precarización salvaje de la sanidad y de la educación públicas en lugares como la comunidad de Madrid son un ejemplo de ello. La malversación del concepto de “socialcomunismo” que se usa en oposición a la libertad y al ocio y al cañeo son otro ejemplo de mala salud semántica y de desmemoria radical respecto a nuestro pasado. De contaminación del concepto de democracia. Es necesario rescatar las palabras secuestradas.



Lección de anatomía y Clavícula son dos libros que hablan de ti, son autobiográficos o también son “parte de ti”. ¿Tu escritura es terapéutica?


Mi escritura nace de un impulso terapéutico, egoísta y personal, porque nace de la necesidad de paliar un dolor, de resolver la desvertebración que producen los dolores, de comprender el malestar. Pero, cuando al escribir descubro y corroboro que lo personal es político y que los dolores físicos no se pueden separar de los dolores psíquicos y sociales, entonces la escritura personal pasa a formar parte de la institución literaria: la conciencia del receptor, no del cliente, implica una aproximación distinta hacia el lenguaje. Y la terapia cuaja en un estilo, en un sistema nervioso personal como diría Francis Bacon, que partiendo de la realidad, construye realidad y puede tener una función performativa. Para mí escribir no es meterme el dedo en el ombligo y dar vueltas para formar círculos viciosos, como diría Ionesco. Es un movimiento de dentro hacia fuera y de fuera hacia dentro. Interacción Conversación. Conocimiento. Encuentro con los demás a través de formas significativas, intrépidas e incluso bellas de un lenguaje que rompe los estereotipos y el lugar común para fracturar los prejuicios que nos hacen infelices.



Una vez dijiste que leer es escarbar, excavar y bucear por debajo de la superficie. ¿Escribir no lo es también?


Sin duda.


La lectura más satisfactoria es la que se parece al buceo, a la espeleología, a mirar que hay debajo de la alfombra o detrás de los telones y las máscaras.




Marta, te veremos en el Club de lectura este 31.03 a las 19.00.

(Si quieres más información, contacta; https://www.marimenayuso.com/contacto )





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https://www.marimenayuso.com/post/entrevista-a-magdalena-tirado


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